Hoy en día existe un consenso de que la actividad humanan es uno de los factores responsables del cambio climático y del deterioro en las condiciones de vida en el planeta. La escasez de los recursos energéticos, la disminución de la biodiversidad, la contaminación y el aumento de la población presionan a los países por acelerar el desarrollo de tecnologías alternativas como respuesta. Así, a través de acuerdos como el de París, se han establecido objetivos, y medidas, a corto, mediano y largo plazo, que aunque no son vinculantes, vislumbran el camino que nos permitan transitar hacia un desarrollo sostenible. Como consecuencia, vemos iniciativas públicos/privadas, a nivel global, para la incorporación de energías renovables como fuente principal de la matriz energética. También el empuje de la electromovilidad y las mejoras en los sistemas de almacenamiento, entre otros avances tecnológicos de vertiginosa velocidad. Con una sociedad más informada y empoderada, al parecer la humanidad finalmente ha entendido que no se puede seguir haciendo las cosas de la misma manera. Sin embargo, aunque a priori esto suena esperanzador, las principales motivaciones que han permitido este desarrollo todavía residen en una mirada más bien economisista.
El petróleo, uno de los responsables, en su combustión, de la generación de los gases de efecto invernadero, que ha sido la fuente principal de energía y motor de las economías mundiales en los últimos 150 años, viene en retroceso debido a una mezcla de factores. Por un lado, la demanda sostenida de este recurso, empujado fuertemente por el crecimiento mundial de la población y también de las economías emergentes. Por otra parte, tampoco se han encontrado reservas suficientes que permitan un equilibrio con la creciente demanda, se habla de que estos recursos, de seguir la misma tendencia, se agotarán dentro de este siglo.Otro factor no menos importante, es que la mayoría de los pozos petroleros mundiales se van volviendo viejos y el costo de extracción ha ido en aumento de forma sostenida. Esto apunta, entonces, a que la actual transición energética, también llamada descarbonización, más allá de las buenas intenciones, finalmente reside en la búsqueda e implementación de proyectos rentables. No deja de ser interesante que las grandes empresas, otroras estandartes del desarrollo establecido, abracen la bandera de la sustentabilidad. Vemos así que artefactos como el auto eléctrico, inventado hace más de cien años e invariablemente vigente, vuelve a tener importancia en los años recientes. Siendo este, en el fondo, el principal cuello de botella, ya que la velocidad con que se generan estos cambios, queda sujeto a la viabilidad económica-financiera que puedan generar los mismos, haciendo la transición mucho más lenta de lo que necesitamos hoy en día. Todo esto deja en evidencia que las soluciones actuales al problema ambiental, y los desafíos energéticos futuros, responden más bien a una lógica de las ideologías tradicionales. Por lo tanto, es ahí donde debemos detenernos y reflexionar en busca de las respuestas necesarias.
La tarea pendiente es repensarnos tomando en consideración nuestro entorno y nuestra relación con él. Los recursos claramente no son infinitos, la forma en que los usamos debe tener en consideración esto. Tampoco se pueden dejar las soluciones a las voluntades del mercado, a la obsolescencia programada, a la pura materialización de artefactos, ni a las rentabilidades individuales. La ciencia y la tecnología han sido herramientas fundamentales que nos han permitido un enorme progreso hasta ahora, pero deben estar no solo en beneficio del individuo, y sus intereses particulares, sino también en pos de la sociedad en su conjunto, y por sobre todo, debemos re entender nuestra relación con la naturaleza, considerando que no está solo para el beneficio del hombre, sino por el contrario, que somos parte de ella y nuestra relación debe reconstruirse desde ahí, como diría Parra, eco-comprometidos con nuestro futuro.

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